Hay una parte del transporte urgente que el sector conoce bien pero que raramente ocupa titulares, la del envío de productos con componente peligroso bajo el régimen de cantidades limitadas, lo que en el argot normativo se denomina LQ, del inglés limited quantities. No son envíos de materiales explosivos ni de sustancias industriales de alto riesgo, sino algo mucho más cotidiano: un frasco de perfume, una batería de litio, un aerosol de laca, una lata de pintura. Productos que llenan los lineales de cualquier tienda y que, sin embargo, exigen un tratamiento logístico muy específico para cumplir con el ADR, el Acuerdo Europeo sobre Transporte Internacional de Mercancías Peligrosas por Carretera.
SEUR acaba de actualizar y ampliar su servicio LQ para clientes B2B y B2C, ajustando su propuesta a sectores como cosmética, automoción, electrónica o droguería, con cobertura tanto en el mercado nacional, España y Portugal, como internacional a través de la red de Geopost.
El ajuste técnico más relevante de esta actualización tiene que ver con la trazabilidad, ya que SEUR declara que el operador conoce en todo momento qué tipo de producto está transportando y puede aplicar los protocolos correspondientes en cada fase del envío. En un segmento donde los rechazos y bloqueos en cadena son un problema real y costoso, esta visibilidad reduce las fricciones operativas que suelen aparecer cuando hay un incidente y nadie del circuito sabe exactamente qué había dentro del paquete.
El servicio permite envíos de hasta 30 kilogramos tanto entre empresas como a domicilio de particulares en la Península, y contempla la integración con los sistemas de los clientes. Este último punto no es menor para el segmento B2B, donde la capacidad de conectar flujos de datos entre el sistema del cargador y el del operador define en buena medida la eficiencia real de la operación, más allá de los tiempos de tránsito.
Lo que hay detrás de este movimiento de SEUR es una demanda creciente de los sectores industriales y de consumo que operan con catálogos mixtos, es decir, con productos que combinan referencias convencionales y otras clasificadas como peligrosas en cantidades limitadas. Para estos clientes, trabajar con un operador que gestiona ambas tipologías bajo el mismo paraguas contractual y operativo es una ventaja práctica que reduce la complejidad de la gestión logística.
La pregunta que queda abierta para los profesionales del sector es cuántos cargadores son realmente conscientes de que parte de su catálogo requiere este tipo de tratamiento normativo. El incumplimiento del ADR no es una cuestión menor, y la tendencia a infraestimar el componente peligroso de ciertos productos, sobre todo en el canal B2C, sigue siendo un punto ciego que tarde o temprano acaba generando problemas en la cadena.
Carlos Zubialde





