La patronal UNO ha publicado una guía operativa para ayudar a los operadores a interpretar y aplicar correctamente la cláusula de revisión del combustible en los contratos de transporte de mercancías, en un momento en que tres reales decretos aprobados al calor de la guerra en Irán han vuelto a modificar la fórmula de cálculo para repercutir legalmente el precio del carburante.
El detonante inmediato es el bloqueo del Estrecho de Ormuz, que ha disparado el precio de los combustibles y tensionado la cadena de suministro de forma brusca. El Gobierno ha respondido con un paquete normativo de urgencia que incluye ayudas al transporte profesional y refuerza la obligación contractual de trasladar las variaciones del coste del carburante al precio del porte. Hasta ahí, la teoría. El problema, según UNO, es que la norma en la práctica no se está aplicando con criterio uniforme, ya que la combinación de cambios sucesivos en la metodología de cálculo y la falta de concreción en algunos aspectos técnicos ha generado interpretaciones dispares entre operadores, cargadores e intermediarios.
La guía no es un documento normativo ni vinculante, sino una herramienta de simulación y orientación que permite a cada empresa evaluar el impacto real de la variación del precio del combustible sobre su estructura de costes particular. Su valor está precisamente ahí: en trasladar la abstracción regulatoria a números concretos aplicables a cada contrato, algo que muchas empresas llevan semanas intentando hacer sin un marco de referencia claro.
Lo que revela esta iniciativa es que la cláusula de revisión del combustible existe en la legislación española del transporte desde hace años y, sin embargo, su aplicación efectiva ha sido sistemáticamente irregular. En los periodos de precios estables, el debate decae. Cuando los precios suben con rapidez, resurge la misma confusión de siempre: quién calcula, sobre qué base, con qué periodicidad y quién asume el coste de la diferencia cuando el contrato no lo especifica con suficiente precisión.
Tres decretos en pocas semanas, cada uno con ajustes sobre el anterior, han añadido una capa extra de complejidad a un mecanismo que ya de por sí generaba fricciones. UNO advierte que las empresas enfrentan el riesgo de perder competitividad si no aplican los ajustes correctamente, ya sea por exceso o por defecto, y señala que la incertidumbre no es neutral: favorece al que tiene más capacidad de presión en la negociación, que rara vez es el transportista.
La patronal ha aprovechado la publicación para reclamar que el paquete de ayudas vigente se amplíe más allá del 30 de junio, con el argumento de que una crisis sin fecha de resolución no puede cubrirse con medidas de vigencia acotada. Las ayudas directas al sector, según UNO, siguen pendientes de concreción, lo que añade otra variable de incertidumbre a una ecuación ya suficientemente complicada.
Carlos Zubialde





