Todos los años, cuando llega el mes de mayo, sucede lo mismo, porque mayo es el mes más festivo del calendario francés, y para el transporte internacional que conecta la Península Ibérica con el resto de Europa, eso tiene un coste del que, de forma sorprendente, nadie dice nada.
En 2026, Francia acumula cuatro festivos nacionales en un solo mes: el 1 de mayo, Día del Trabajo; el 8 de mayo, aniversario de la victoria de 1945; el 14 de mayo, Ascensión; y el 25 de mayo, Lunes de Pentecostés. En todos ellos, la normativa francesa prohíbe la circulación de vehículos de transporte de mercancías de más de 7,5 toneladas desde las 22:00 horas de la víspera hasta las 22:00 horas del propio festivo. La mercancía, sencillamente, no puede moverse.
Vale, todo esto no es ninguna novedad, sucede todos los años, pero por eso no deja de ser sangrante para el sector del transporte, tanto español como portugués. La legislación francesa sobre restricciones de circulación para vehículos pesados lleva décadas en vigor, los festivos y los domingos son días donde el tráfico de camiones se detiene, esto lo vemos todos los fines de semana en las fronteras de Irún y La Junquera. Cualquier excepción está contemplada principalmente para mercancías perecederas, animales vivos y cargas para servicios esenciales. El transporte general de mercancías industriales, de consumo o de exportación no entra en esa lista.
El problema para España y Portugal no es solo el festivo aislado, en mayo es además la acumulación. Cuatro fechas en cuatro semanas distintas, distribuidas de forma que el 1 y el 8 de mayo caen en viernes —lo que extiende la prohibición de hecho hasta el lunes siguiente— y el 14 de mayo cae en jueves, lo que invita a muchos operadores franceses a hacer puente y ampliar el cierre hasta el domingo 17. El resultado es que durante buena parte del mes, los camiones que transportan exportaciones españolas y portuguesas quedan inmovilizados en origen, en frontera o en plataformas logísticas francesas, esperando que se les permita la circulación.
Para un exportador de fruta de Almería, un fabricante de componentes de automoción del País Vasco o un operador de bebidas del Alentejo, cada día de inmovilización tiene un coste que existe y soporta, como la caducidad de producto, los incumplimientos de ventanas de entrega, las penalizaciones contractuales o simplemente la pérdida que les supone tener que programar una producción al "gusto" de las restricciones de circulación en Francia.
Lo cierto es que, si miramos el mapa, la geografía lo hace inevitable. Francia no es un país de tránsito opcional para España y Portugal: es el único corredor terrestre hacia el centro y norte de Europa. Tienes que pasar si o sí, no hay alternativa terrestre. A diferencia de Italia o los países balcánicos, que tienen alternativas de ruta aunque sean más largas, la península ibérica está rodeada de océano por tres lados y de montaña por el cuarto. Lo que Francia decida hacer con sus carreteras en festivo lo sienten de forma directa e inmediata, no solo las empresas de transporte, sino toda la economia española.
La cuestión de fondo no es si Francia tiene derecho a regular la circulación en su territorio (evidentemente lo tiene) sino si la Unión Europea debería plantearse algún mecanismo de coordinación que suavice el impacto sobre las cadenas de suministro de los estados miembros periféricos. Mientras ese debate no existe, los cargadores y operadores, tanto españoles como portugueses, tienen una sola herramienta real: planificar con suficiente antelación, ajustar las fechas de carga y asumir que mayo, en la logística internacional terrestre desde la Península, es un mes que hay que gestionar con más margen que el resto del año.
Carlos Zubialde
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