Hay una frase que merece más atención de la que suele recibir en los foros del sector: si no tienes incorporada en tu agenda un tiempo de dedicación personal a escuchar, a preguntar, a estar pendiente de la gente, de tu equipo, el tiempo te devora y te aviso, no vuelve.
El sector del transporte y la logística tiene un problema de personas que rara vez se nombra con claridad. Se habla siempre de retener talento, de atraer ese talento, de rotación, de escasez de conductores, de dificultades para cubrir turnos de madrugada o perfiles de almacén. Se habla de salarios (poco), de convenios, de condiciones. Pero pocas veces se habla de lo que ocurre en el espacio que hay entre el momento en que una empresa contrata a alguien y el momento en que esa persona decide marcharse.
El sector intenta seducir cuando necesita cubrir posiciones, y pone en marcha procesos de selección, describe proyectos atractivos, habla de cultura de empresa y cosas similares. Lo que falla, con demasiada frecuencia, es lo que viene después. El onboarding, la llegada e incorporación es algo que sigue faltando de forma epidémica; no existe tampoco el seguimiento, la conversación real con quien acaba de llegar o con quien lleva años en el mismo puesto sin que nadie le haya preguntado si está bien.
Existe un fenómeno que combina resentimiento y presentismo, hablar de teletrabajo o de mejora de vida personal y profesional es casi un tabú. Al final, esto describe algo que cualquiera que haya gestionado equipos en logística reconocerá sin esfuerzo: personas que están físicamente, pero que dejaron de estar hace tiempo, que no se han ido porque no pueden o porque no encuentran alternativa, pero que han desconectado de forma casi irreversible. El coste de ese desenganche no aparece en ninguna cuenta de resultados, pero está ahí, en la productividad perdida, en los errores, en el clima de los equipos.
Pero lo peor es que, aunque sea muy visible, parece importar muy poco.
La solución en realidad no es nada complicada, no requiere grandes inversiones ni transformaciones organizativas, realmente es más un cambio cultural que requiere tiempo. Tiempo real, agendado, sostenido. Y ahí está el problema, porque en un sector que vive pendiente del camión que llega tarde, del pedido que no sale, del cliente que llama, ese tiempo siempre cede ante la urgencia. Los mandos intermedios apagan fuegos y postergan lo que consideran menos urgente, que suele ser precisamente hablar con su gente.
La gestión de personas en logística lleva años pidiendo un cambio que va más allá de los procesos de selección o los planes de formación. Lo que falta, en muchas organizaciones, es que cada director de área, cada responsable de equipo, tenga incorporada en su rutina la necesidad de dedicar tiempo a las personas que tiene a su cargo, no como un gesto de buena voluntad, sino como parte del trabajo.
Porque la rotación tiene un coste directo y medible. Pero el coste del trabajador que se queda sin estar, ese es mucho más difícil de cuantificar y, precisamente por eso, se ignora.
Carlos Zubialde
carlos@informacionlogistica.com





