La fiscalidad vuelve a situarse en el centro de la operativa del transporte por carretera, tras el rechazo en el Congreso de los Diputados a la prórroga del límite de 125.000 euros de facturación anual para continuar en el régimen de módulos en 2026. Es la segunda vez en pocas semanas que decae la convalidación del decreto-ley que debía dar continuidad a este umbral.

La consecuencia inmediata no es política, sino operativa. Miles de autónomos del transporte que venían planificando el ejercicio bajo la hipótesis de continuidad del sistema simplificado quedan ahora expuestos a un cambio de régimen fiscal sin margen de adaptación. Según ha advertido Fenadismer, más de 30.000 transportistas podrían verse afectados por esta situación de indefinición.

Si no se articula una solución administrativa excepcional, como ya ocurrió el pasado año, los profesionales que superen los límites vigentes tendrían que tributar en estimación directa y presentar sus declaraciones trimestrales bajo ese sistema desde abril. El impacto no es menor: mayor carga administrativa, necesidad de control exhaustivo de gastos deducibles y, en muchos casos, apoyo externo para la gestión contable.

Más allá del debate político que ha provocado el rechazo del decreto, el problema de fondo es la inseguridad jurídica que se traslada al colectivo. Las decisiones fiscales condicionan inversiones, renovación de flota y planificación financiera. Introducir incertidumbre a escasas semanas del inicio efectivo del ejercicio fiscal complica la gestión de pequeñas estructuras empresariales que ya operan con márgenes ajustados.

En paralelo, el cambio potencial al régimen de estimación directa puede alterar la estructura de costes declarados y, por extensión, las negociaciones tarifarias con cargadores. No es lo mismo trabajar con un esquema fiscal previsible que con otro sujeto a variaciones en función del resultado real.

Fenadismer ha anunciado que solicitará al Ministerio de Hacienda una vía transitoria que evite un salto abrupto de régimen. La respuesta que adopte la Administración marcará el tono de los próximos meses.

Para los transportistas autónomos, el escenario exige revisar previsiones, consultar con asesoría fiscal y anticipar escenarios. La fiscalidad no es un elemento accesorio en el transporte: forma parte de la estructura de costes y, cuando cambia sin estabilidad normativa, obliga a replantear decisiones que ya estaban tomadas. Conviene actuar antes de que el calendario fiscal imponga sus propias reglas.

Carlos Zubialde

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