Albert Bladas CEO de Columat - Experto en Última Milla, OOH y Smart Lockers

Hay una conversación que el sector logístico español tendría que haber cerrado hace tres años y que sigue dando vueltas: si los Smart Lockers son una opción más dentro del mix de entrega o son otra cosa. Mientras seguimos dándole vueltas, el mapa se está dibujando. Y se dibuja rápido.

El error de marco sale caro. Lo tratamos como un servicio. Una alternativa al domicilio que el operador "ofrece o no ofrece", al lado del ship-from-store, la entrega programada o el reparto premium. Algo que se prueba en una zona piloto, se mide y se decide si escala. Y no va de eso. El Smart Locker no es un servicio. Es infraestructura. Está mucho más cerca de una sucursal bancaria, una farmacia de barrio o una boca de metro que de cualquier opción de reparto. Y esa diferencia de categoría lo cambia todo, empezando por las decisiones que toca tomar este año.

Servicio o infraestructura, no es lo mismo

Un servicio se activa y se desactiva. Si no funciona, se retira. Una infraestructura, una vez ocupada por un competidor, no se recupera. Cuando Repsol se quedó con las salidas de autopista, Cepsa nunca las recuperó del todo. Cuando BBVA y Santander se quedaron con las esquinas de avenida, las fintech siguen sin recuperarlas veinte años después. En territorio, el que llega segundo casi nunca llega.

Los Smart Lockers comparten esa lógica. Las ubicaciones útiles, y enseguida vuelvo a qué significa "útil", son finitas por definición. Y se están ocupando ahora mismo, mientras el comité de operaciones discute si vale la pena hacer un piloto.

Lo que "cerca" significa en la práctica

Aquí es donde el sector se equivoca con frecuencia. El consumidor quiere recoger su paquete cuando le va bien y donde ya estaba pasando. La parte del "donde" parece obvia y por eso se ignora. El operador suele optimizar el "cuándo" (la flexibilidad horaria) y descuida el "dónde" (la proximidad real). Y el "dónde" es la mitad del problema.

"Cerca" tiene una definición muy concreta. Significa, literalmente, en el camino que el consumidor ya hace. La boca de metro por la que pasa cada mañana. La planta baja de su edificio. La esquina del supermercado de barrio donde hace la compra el sábado. El vestíbulo de su oficina. Cualquier punto que se cruce con su vida sin obligarle a desviarse.

Llevamos cinco años discutiendo si los Smart Lockers son un servicio que merece la pena ofrecer. Mientras tanto, las esquinas que decidirán quién hace la última milla en España ya se están firmando.

Una gasolinera en la salida de la autopista no es proximidad. Es desplazamiento adicional disfrazado de servicio de recogida. Un polígono industrial a tres kilómetros del barrio tampoco lo es. Y un punto en una tienda que cierra a las ocho y abre a las diez, mientras el consumidor trabaja exactamente entre esas horas, tampoco.

Si el Smart Locker obliga al consumidor a hacer un viaje específico, el operador ha perdido la batalla antes de empezar. La promesa del locker no es "recoge tu paquete cuando quieras". Es "recoge tu paquete sin alterar tu día". Esa frase es la diferencia entre adopción masiva y red infrautilizada. Y se decide en el momento de elegir la ubicación, no en el de instalar el armario.

La escasez es geográfica, no presupuestaria

Y aquí está el punto que casi nadie está poniendo sobre la mesa con la claridad que merece. No hay infinitas esquinas en la calle principal. No hay infinitas bocas de metro de paso obligado. No hay infinitos vestíbulos de oficina en la torre A. No hay infinitas plantas bajas de supermercado de barrio céntrico. Cualquier urbanista lo confirma: la geografía urbana útil es escasa. Y como toda escasez, se reparte por orden de llegada.

La pregunta ya no es si esas ubicaciones se van a ocupar. Se están ocupando este trimestre. La pregunta es por quién, con qué densidad y con qué timing. El operador que esté contestándola dentro de dieciocho meses va a descubrir que las ubicaciones que necesitaba para construir una red competitiva ya tienen contrato firmado con otro.

Lo que ya pasó en los mercados que cruzaron el umbral

No hace falta especular. Polonia cruzó este punto hace tiempo. Un 81% de los compradores online del país declara el locker como su método de entrega preferido (Alsendo, 2024) e InPost controla el 88% de la cuota del segmento de paquetería en lockers, con cerca de 47.000 puntos automáticos al cierre de 2024 (Warsaw Business Journal y InShift, 2024-2025). Una sola red define cómo recibe sus pedidos un país entero.

Reino Unido lo está cruzando ahora. Un 40% de los adultos británicos, unos 21 millones de personas, ha usado un locker en el último año (InPost UK, "Beyond the Doorstep", 2025). El volumen tramitado por InPost en el país creció un 58% interanual solo en el cuarto trimestre de 2024 (nShift, 2025). Es la curva vertical de la que hablan los analistas cuando una red cruza el umbral de densidad.

Francia va por detrás pero con un modelo ya consolidado. Pickup, de La Poste, supera los 6.000 lockers operativos, Mondial Relay opera más de 17.000 puntos de acceso entre Points Relais y lockers, e InPost ha entrado con cerca de 13.000 puntos automáticos en menos de tres años (La Poste Groupe, Mondial Relay y Alpha-Ark, 2024-2025). El consumidor francés ya da por descontado que el punto de recogida está donde tiene que estar.

El patrón es el mismo en los tres mercados. Hay un umbral de densidad de red. Por debajo, la inversión parece dudosa y la red está infrautilizada. Por encima, la adopción se acelera de forma no lineal y la curva se vuelve vertical en cuestión de dos años. Cruzado el punto, el modelo se vuelve dominante y los operadores no posicionados acaban dependiendo, contractualmente, de los que sí lo estaban.

El conjunto del mercado europeo de entrega out-of-home va a pasar de 7.000 millones de dólares en 2025 a 14.120 millones en 2030, con un crecimiento anual del 15% (Mordor Intelligence, 2025). El movimiento de capital ya está hecho. Lo que se está repartiendo ahora son metros cuadrados.

España está a las puertas. InPost ya supera los 6.000 puntos en el país y ha anunciado refuerzo en Madrid, Barcelona y Zaragoza; SEUR, Correos, Sending y Amazon llevan dos años acelerando despliegues propios y acuerdos con retail. La pregunta útil ya no es si va a pasar. Es quién va a tener red operativa, con densidad mínima y en las ubicaciones correctas, en el momento en que pase.

Quién lidera el canal

El operador que esté tomando esta decisión hoy va a estar operando la última milla de su mercado en 2030. El que la esté tomando dentro de dieciocho meses va a estar negociando contratos de acceso a redes ajenas para llegar a un canal que su cliente ya considera estándar.

El Smart Locker no es un servicio. Es infraestructura urbana. Las ubicaciones que importan son finitas y se están repartiendo ahora. La diferencia entre liderar el canal en 2030 o depender de quien lo lidere se está jugando en las decisiones que pasan por los comités de operaciones este trimestre. No el que viene.