El ejercicio 2026 supondrá un endurecimiento generalizado de los costes de circulación por carretera en buena parte de Europa, como consecuencia de la revisión de los sistemas de peaje en numerosos países. Aunque las medidas no son homogéneas, el denominador común es claro: mayor coste por kilómetro recorrido, ampliación de las redes sujetas a pago y una vinculación cada vez más directa entre el peaje, las emisiones de CO₂ y el uso real de la infraestructura.
Si hacemos una lista por países, comenzamos por Austria, donde a partir del 1 de enero de 2026 entrará en vigor una nueva estructura tarifaria para vehículos pesados que tendrá en cuenta no solo el número de ejes, sino también las emisiones de CO₂ y el nivel de ruido. Las diferencias de coste entre vehículos eficientes y los más contaminantes serán especialmente significativas, con tarifas que pueden superar los 60 euros por cada 100 kilómetros en las categorías menos favorables. A este cambio se suma la digitalización completa del sistema, con la desaparición de las viñetas físicas y un endurecimiento del régimen sancionador.
En Bélgica, los peajes para camiones se actualizarán principalmente en la región de Valonia conforme al índice de precios al consumo. En Bruselas y Flandes se mantendrá el ajuste progresivo de las tarifas aplicables a los vehículos cero emisiones, reduciendo gradualmente los incentivos actuales hasta finales de esta década, de modo que el componente de infraestructura gane peso dentro del coste total.
La República Checa aplicará en 2026 una nueva subida de tarifas que afectará tanto a autopistas como a carreteras principales. El incremento será más acusado en función de la clasificación ambiental del vehículo, reforzando el papel del componente de CO₂ dentro del peaje. Esto obligará a los transportistas a prestar mayor atención al tipo de flota empleada en este país, especialmente en tráficos de tránsito hacia Europa Central y del Este.
En Francia, los peajes de autopistas volverán a subir a partir del 1 de febrero de 2026. Aunque el incremento previsto es moderado y responde principalmente a la inflación y a los contratos de concesión, se suma a una tendencia continuada al alza que afecta de forma directa a uno de los principales corredores utilizados por el transporte español en sus tráficos internacionales.
Uno de los cambios estructurales más relevantes se producirá en los Países Bajos, donde a partir del 1 de julio de 2026 se abandonará el sistema de viñeta Euroviñeta para implantar un modelo de pago por kilómetro recorrido. Este nuevo sistema cubrirá autopistas, carreteras nacionales y determinados entornos urbanos, y se basará en dispositivos digitales a bordo que calcularán automáticamente el coste en función de la distancia y las emisiones del vehículo.
También Rumanía eliminará las viñetas para vehículos de más de 3,5 toneladas y adoptará un sistema electrónico de peaje por uso, que se extenderá a autopistas, carreteras europeas y ejes estratégicos fuera de zonas urbanas, ampliando de forma notable el número de kilómetros sujetos a pago.
En Polonia, el impacto será especialmente significativo. A partir de febrero de 2026, el sistema e-TOLL incrementará sus tarifas entre un 40 % y un 42 % para vehículos pesados y ampliará de manera considerable la red de carreteras de pago, incorporando nuevos tramos que hasta ahora eran gratuitos. Aunque las autoridades polacas defienden que los precios seguirán siendo competitivos en comparación con otros países europeos, el aumento será claramente perceptible para los transportistas.
Por su parte, Hungría también aplicará nuevas subidas de peaje en función del número de ejes y del tipo de vehículo, elevando el coste por kilómetro recorrido en uno de los principales países de paso para el transporte hacia el este de Europa.
Para las empresas de transporte españolas, este escenario implica un incremento directo de los costes en la mayoría de los corredores internacionales habituales. Francia seguirá encareciendo el acceso al mercado europeo, mientras que los aumentos en Austria, Polonia o República Checa impactarán de lleno en los tráficos de larga distancia. Incluso aquellas compañías que operan mayoritariamente en el mercado nacional se verán afectadas de forma indirecta, ya sea por su integración en cadenas logísticas internacionales o por la presión que estos modelos ejercen sobre los sistemas de peaje en toda la Unión Europea.
Además, la creciente vinculación entre peajes y emisiones introduce un nuevo factor de competitividad. Las flotas más antiguas o menos eficientes asumirán un mayor coste por kilómetro, mientras que las empresas que hayan avanzado en renovación o mejora ambiental podrán amortiguar parcialmente el impacto, aunque no sin asumir inversiones relevantes, que incluso pueden poner en algunos casos en riesgo sus propios negocios.
El año 2026 no solo traerá carreteras más caras, sino un entorno en el que cada kilómetro recorrido tendrá un peso mayor en la rentabilidad de las operaciones, aunque esto, en cierta medida, siempre ha sido así.
Carlos Zubialde
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