Más de 150 representantes institucionales y empresas del sector se reunieron esta semana en el Congreso de los Diputados para analizar el papel de los combustibles renovables en la descarbonización del transporte español. La jornada, organizada por CRECEMOS —la asociación multisectorial de combustibles renovables y economía circular—, puso sobre la mesa datos que sitúan a estos combustibles como una alternativa ya operativa, no como una promesa de futuro.

El dato de partida es el consumo actual: en 2025 se utilizaron en España más de dos millones de toneladas de combustibles renovables, lo que permitió evitar, según las propias cifras de CRECEMOS, 5,5 millones de toneladas de CO₂, el equivalente a las emisiones asociadas a más de un millón de habitantes. La proyección que maneja la asociación apunta a que España podría producir entre 7,5 y 13 millones de toneladas anuales en 2030, multiplicando por seis el volumen actual, gracias a la disponibilidad de materias primas agrícolas, forestales y ganaderas.

Una solución compatible con la flota existente

Uno de los argumentos centrales que se manejaron en la jornada es la compatibilidad inmediata de los combustibles renovables con el parque de vehículos actual y con las infraestructuras ya desplegadas, lo que los diferencia de otras alternativas de descarbonización que requieren renovación de flota o inversión en nuevos puntos de carga. La península ibérica cuenta ya con más de 1.600 estaciones de servicio que ofrecen HVO, el combustible diésel 100% renovable, una cifra que indica una penetración real en la red de distribución, aunque todavía limitada frente al total de instalaciones.

Para el sector del transporte por carretera, donde la electrificación de vehículos pesados sigue siendo técnica y económicamente compleja, este punto tiene un peso operativo concreto. La posibilidad de reducir emisiones sin cambiar la flota ni modificar los procesos de repostaje es una ventaja que los operadores de transporte, especialmente las pymes y los autónomos, pueden aprovechar sin grandes inversiones previas.

Bajo un análisis de ciclo de vida completo, los combustibles renovables pueden alcanzar reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero superiores al 90%, según los datos manejados en la jornada. El transporte por carretera representa más del 30% de las emisiones totales del país, lo que convierte a este sector en uno de los vectores de mayor impacto potencial para cualquier política de descarbonización.

El marco regulatorio, el nudo pendiente

Los participantes en la jornada coincidieron en que el principal obstáculo para escalar el uso de combustibles renovables no es tecnológico ni logístico, sino regulatorio y fiscal. Sergio Treviño, presidente de CRECEMOS y consejero delegado de Sesé, señaló que lo que se necesita es un marco legislativo y fiscal que garantice la neutralidad tecnológica y permita aprovechar el potencial de estos combustibles, sin que la regulación favorezca de forma estructural a unas tecnologías sobre otras.

Mónica de la Cruz, directora general de CRECEMOS, fue más concreta en la propuesta: la asociación promueve una nueva categoría de vehículo impulsado exclusivamente por combustibles 100% renovables, equiparable en su tratamiento regulatorio a los vehículos eléctricos puros o a los de pila de hidrógeno. El argumento es que, si el criterio de clasificación es la emisión neta en uso, los combustibles renovables de ciclo cerrado de carbono deberían merecer el mismo reconocimiento que otras tecnologías de cero emisiones netas.

Peso económico e industrial

CRECEMOS cuantifica el peso del sector en términos económicos: las empresas asociadas generan cerca de 100.000 millones de euros de facturación, lo que representa aproximadamente el 6% del PIB español, emplean de forma directa a más de 115.000 personas y cuentan con 40 instalaciones productivas y biorrefinerías distribuidas por el territorio nacional. La asociación subraya el efecto vertebrador de estas instalaciones en zonas rurales, donde la cadena de valor agrícola y forestal actúa como base de suministro.

El informe de potencial que maneja CRECEMOS estima que los combustibles renovables podrían cubrir más del 33% de la demanda de combustible para el transporte en 2030 y hasta el 69% en 2050, con el consiguiente impacto en la reducción de importaciones de combustibles fósiles y en la mejora de la balanza comercial energética del país.

Carlos Zubialde

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