El llamado “quick commerce” se encuentra en un atolladero de importantes dimensiones propiciado sobre todo la voracidad de las empresas que llegaron a las entregas ultrarápidas. Siempre se ha preguntado si la necesidad de llevar una compra en tan solo 10 minutos a casa era una necesidad del mercado o por contra era una necesidad creada de forma artificial y forzada por los distintos actores que aterrizaban en las ciudades más pobladas.

El número de compañías que ofrecen este servicio de entrega en 10 minutos se han multiplicado además de entrar en una guerra sin cuartel para captar clientes al precio que sea. Esta guerra ha creado auténticas compañías “zombis”, empresas que son una máquina despiadada de quemar dinero tal y como ocurrió con las empresas de entrega de comida a domicilio.

Las compañías más grandes, las que cotizan en bolsa, han visto sus valores devaluados de forma muy notable. Las previsiones de ventas además se van ralentizando mientras las perdidas siguen aumentando, en una ecuación que no tiene solución aparente. El único camino que se entiende es el de seguir manteniendo los planes de expansión como vía de salvación sea implantándose en nuevas ciudades y países, sea por medio de adquisiciones como ocurrió con Glovo por parte de Delivery Hero, fuertemente criticada.

Y es que el objetivo de un negocio debe de ser ganar dinero en lugar de quemarlo como hacen las empresas de distribución de Q-commerce. En concreto, la compra de Glovo se interpreta como un “rescate” de esta en lugar de una compra para crecer, lo que en realidad supone un riesgo todavía mayor para la empresa alemana que compro Glovo, Delivery Hero.

La situación de los principales operadores en principio es confusa, tuvieron una gran penetración de servicio y usuarios durante la pandemia, pero se estima que puede ser una situación coyuntural y de difícil retención según la normalidad va recuperando enteros, mantener ese volumen resulta completamente imposible. Las cifras de negocio están estrechamente ligadas a los planes de viabilidad de estas empresas, por lo que podemos decir que son gigantes con pies de barro.

Otros aspectos que no han sido para nada favorecedores a su interés los encontramos por ejemplo en la ley europea que regula la actividad de los Ryder, que afecta a más de 4 millones de trabajadores que en muchos casos han estado sustentando el servicio de estas compañías en condiciones de contratación deplorables. Esta ley impacta de forma directa sobre el modelo de negocio de las empresas de “Q-commerce”, que sustentan sus modelos en un gran volumen de pedidos gestionados por una tropa de riders en deplorables condiciones económicas de trabajo.

No tardo mucho tiempo en hacer efecto la nueva ley, Deliveroo fue la primera, Uber Eats parece estar no solo contra las cuerdas, sino en las últimas. Otros como Glovo se saltan la ley tal cual, siguen contratando autónomos en lugar de riders asalariados, desafiando a la unión europea. Queda claro que la regulación está siendo un frenazo para estas empresas junto con la falta de volumen y de un sistema de crecimiento sostenible.

El sistema tal cual está ideado no es rentable, ni parece que lo será en un futuro debido a los márgenes relativamente bajos con los que se trabaja. Además, no es posible generar un mayor margen debido a que únicamente hay dos actores a los que “exprimir”: el restaurante y el usuario. Un estudio realizado por la Universidad Oberta de Cataluña estimaron que el umbral de rentabilidad para una empresa de este tipo en una ciudad como Barcelona se situaba en los 8000 pedidos al día, pero aplicando según la UOC los costes de forma real, el número de pedidos a gestionar por día en Barcelona para llegar a la sostenibilidad es de 19.000 pedidos, casi nada.

Entonces, ¿Cuál es el objetivo de estas empresas?

El objetivo sería emular a la famosa película de “los inmortales”, solo puede quedar uno. El objetivo es resistir hasta que el resto de competidores terminen cayendo de forma paulatina hasta que el mercado quede en un monopolio o como mucho gestionado por dos empresas, que quedándose con todo el volumen de pedidos pueden llegar a las cifras de pedidos necesarias para poder generar un negocio rentable. 

La siguiente pregunta entonces se plantea en saber ¿Cuándo se prevé que se dé esa situación de monopolio?

Cada día, mes y año que pasa todo el sector del Q-commerce se desangra, todos piensan que podrán aguantar el tirón, pero realmente, ¿podrán aguantar tanto tiempo como el que necesitan? ¿Serán capaces de seguir atrayendo a inversores que depositen millones de euros para que los quemen en una guerra cuasi absurda?

Y nos quedaría en esta ecuación otro subsector al que estas empresas han entrado como plan de diversificación, el de la distribución de ecommerce food y el de las cadenas de distribución. Pero aquí los competidores son mucho más feroces, su calidad de servicio y cercanía con el cliente es mucho mayor, y como no, el volumen de pedidos no tiene nada que ver con el Q-commerce, se estima que el ecommerce de food en España supone entre un 3% y 4% del total.

¿Estaremos ante una nueva burbuja?

Debemos de recordar que este problema no es un problema de tecnología como lo plantean, es un problema logístico y de costes.

Artículo propiedad de Carlos Zubialde

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